“El Ejército de Tierra en la España de posguerra”: Una anti-tesis que da grima

Algunos, para sobrevivir, son capaces de cualquier cosa. Otros, para lucirse y salir en la foto, más todavía. En ambos casos están Rafael Rodrigo Fernández y María Jesús Matilla Quiza; el primero autor de la anti-tesis objeto de este análisis, y la segunda su directora. Hacía tiempo que no nos topábamos con un bodrio tan penoso cargado, eso sí, no sólo de falsedades, sino de muy mala uva, de mucha malicia, de un marcado deseo de engañar a quienes cometan el error de leerla.

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Rafael Rodrigo Fernández
María Jesús Matilla Quiza

Nos envían la “tesis” doctoral de Rafael Rodrigo Fernández, titulada El Ejército de Tierra en la España de posguerra (1939-1947): Instrumento y pilar en la consolidación del régimen franquista”, cuya directora ha sido María Jesús Matilla Quiza, del Departamento de Historia de la Universidad Autónoma.

El autor tiene un currículum francamente conmovedor: Doctor (ahora, claro) en Historia Contemporánea, Master Universitario y licenciado en Geografía e Historia por la UAM, estudió en la Università degli Studi di Trieste, actualmente profesor de Historia Contemporánea y de España de Kensigton School de Pozuelo de Alarcón, habiendo sido Profesor Ayudante de la Facultad de Ciencias de la Información y Humanidades de la Universidad Europea de Madrid y co-administrador del Portal de Historia Militar “El Gran Capitán”, contando en su haber multitud de artículos para revistas de historia.

La directora no tanto, pero sí emocionante: Licenciada y Doctora en Historia, lleva toda su vida en carguitos en la UAM –directora de la unidad de Igualdad, Historia de las Mujeres: Género y Violencia, Vicerrectora de Biblioteca y Promoción Científica, igual de investigación–, teniendo en su haber dos libros, uno sobre sufragismo y feminismo, y otro sobre máquinas y capitalismo.

No sabemos si la culpa es del dirigido o de la directora –que no parece haber tocado nunca temas militares–, o de ambos, o que tanto monte, como monte tanto, Rafael como María Jesús, pero el caso es que la tesis debe, primero, catalogarse como anti-tesis, y, seguidamente, archivarse en la estantería más alta, en esa donde nadie busca nunca, ni ganas, porque sólo subirse a la escalera da miedo.

Lo primero que llama la atención es la larga lista de objetivos que se proponen alcanzar –ocupan 15 páginas de las 500 y pico del trabajo–, olvidando aquello de que “quien mucho abarca, poco aprieta”; pero eso sí, queda muy bien, suena ambicioso, audaz, agresivo y provocativo, aunque una página más y no seguimos leyendo.

Después, durante 50 páginas, hablan de “Antecedentes y el marco histórico” y, de verdad, se lo podrían haber ahorrado, porque no sólo no aportan nada, sino que lo que sueltan por ese ordenador es penoso, es donde uno se da cuenta de que estamos ante una anti-tesis, un mal y patético corta, pega y colorea googleliano y wikipédico con, y esto es lo peor, un sesgo que atufa a “políticamente correcto”, a “historia oficial”, a “memoria histórica” y a zapatero-sanchismo revanchista y guerracivilista ignominioso.

El trabajo recoge en este capítulo toda una sarta de tópicos que no resisten el menor contraste con las fuentes documentales. Eso sí, hay que reconocer que la apariencia con que las han volcado impresiona y seguro que da el pego a… los ignorantes, legos y desinformados, mientras llevará al arrebato y al frenesí a los muchos que hoy viven, y muy bien, de la mentira histérica. Claro, que de otra forma, si hubieran dicho la verdad histórica, seguro que el régimen, el sistema universitario que sufrimos en la actualidad y desde hace décadas, no hubiera dado el visto bueno al trabajo, le hubieran puesto un carolo o peloto a Rafael y a María Jesús la hubieran designado directora del almacén de los artículos de limpieza. ¡Qué duro resulta vivir, publicar y salir en la foto en este régimen de “libertades” y “memorias históricas”! ¡Cuánto hay que bajarse los pantalones y las faldas para poder seguir adelante en el mundillo académico y editorial!

Son muchas las blasfemias históricas que sueltan  Rafael y María Jesús, perop por razón de espacio vamos a limitarnos a algunas… cuantas:

* “Finalmente, España no participó en la Guerra Mundial, ya que la falta de personal, armamento y suministros del Ejército unida a la opinión de los ministros militares y al generalato condicionó de forma importante esa decisión”. ¿Y Franco? ¿Y sus declaraciones públicas desde 1938 y, entre  otras, la privada al cardenal Gomá en su lecho de muerte en 1940 prometiéndole hacer lo imposible para no entrar en dicha guerra? ¿Y su hábil y astuto tira y afloja con Hitler? ¿Se han leído la correspondencia del nazi con él? ¿Y el cabreo del teutón por el empecinamiento de Franco en negarse a sometérsele? ¿Y…?

* “Opinión que además fue influenciada por el Foreing Office británico, el cual dedicó generosas cantidades de dinero en sobornos, 13 millones de libras esterlinas según el profesor Payne, que se repartieron entre los generales más influyentes de la posguerra española, entre otros, el general Alfredo Kindelán fue sobornado con 500.000 dólares y el general Varela con dos millones. El mismo soborno que Varela recibieron Nicolás Franco y el general Aranda, mientras que el general Galarza recibió un millón y medio. La lista incluyó un segundo círculo de generales a los que tantear como Queipo de Llano, Orgaz, Martín Alonso, Asensio, Solchaga y Muñoz Grandes. No sólo las cifras son increíbles por astronómicas para la época, sino que lo afirmado por Payne nunca se ha sostenido, está ya más que desacreditado y forma parte de la nueva leyenda negra que en torno a Franco y a la España del momento se viene construyendo, por propios renegados y extraños odiosos. Si hubiera sido así tales generales y sus familias no habrían vivido y acabado como está acreditado que vivieron y acabaron. Pero es que, claro, cuando hoy las toneladas de corrupción son el pan nuestro de cada día, no cabe en cabeza humana actual que entonces no fuera igual o… más, mucho más aún.

* “…función (la del Ejército) que desarrollo al asumir la responsabilidad en la custodia de los cientos de miles de prisioneros de guerra, persiguiendo a las partidas de guerrilleros que se formaron en Asturias y los Montes de Toledo, entre otras zonas, rechazando la invasión del valle de Arán en octubre de 1944 y, en definitiva, implantando en todo el territorio nacional la autoridad del nuevo Gobierno”. ¿Y quién si no los ejércitos al acabar cualquier guerra se encargan de custodiar a los prisioneros? ¿Quién se encargó por parte de los aliados sin que se les acuse de implantar su autoridad sobre los vencidos? Fueron 800.000 los prisioneros, porque eran la totalidad de las fuerzas frentepopulistas, de los cuales en seis meses no quedaban en tal situación más que los que tenían delitos de sangre o se sospechaba que los tuvieran; mucho más tardaron los aliados en liberar alemanes, previa “desnacificación” obligatoria. De “guerrilleros” nada, puros y duros terroristas como lo demuestran su acciones de todo tipo. El Ejército apenas se implicó, sólo puntualmente en esa lucha contra el terrorismo comunista –excepto cuando la gran invasión de 1944–, lucha que fue obra de la Guardia Civil y de la Policía por ser asunto exclusivo de orden público; los caídos de éstos y de aquél lo dicen todo.

* “Tras la Guerra Civil se instauró un nuevo sistema político que el mismo jefe del Estado, Francisco Franco, calificó como Totalitario, así que teniendo en cuenta que él mismo era militar de carrera, la función a desempeñar por el Ejército iba a ser clave en la defensa y afianzamiento del régimen”. Pero es que para Franco, y léase bien ese discurso, y no con orejeras ideológicas siniestras, “totalitario” no significaba lo que hoy, ni mucho menos lo que se le quiere achacar, es decir, dictatorial, sino “totalidad”, o sea, el todo unitario. ¿De dónde sale que por ser militar su idea fuera basarse en el Ejército para imponer un régimen? Durante el gobierno de Franco las FFAA fueron en todos los aspectos, menos en el del prestigio personal e institucional, la cenicienta del régimen, lo que avala que la conclusión de Rafael y María Jesús es falsa.

* “En los años en los que se enmarca este trabajo (1939-1947) las circunstancias de autarquía y penuria económica impidieron que el Ejército contase con el armamento y los suministros necesarios para haber desempeñado las operaciones militares que planificó el Estado Mayor, como por ejemplo la toma del peñón de Gibraltar o la defensa de los dos archipiélagos en caso de desembarco de una potencia enemiga”. Si reconocen que al Ejército, de poco o de nada se le dotó, cómo iba a ser la pieza fundamental, como han afirmado antes, de la implantación del régimen; al contrario es lo que ocurre en una verdadera dictadura totalitaria. Los Estados Mayores de cualquier ejército tienen la obligación rutinaria de prever cualquier escenario de crisis y preparar los planes para cualquier potencial amenaza, de ahí a que España pensara invadir Gibraltar hay un espacio infinito –Franco siempre declaró que se su recuperación debía ser por medios diplomáticos–, como lo demuestra la prudencia de los movimientos de Franco de cara a los aliados –y hacia los alemanes– y que no aprovchara la debilidad incial inglesa para reconquistar Gibraltar.

* “Primero, como el Ejército desempeñó un rol clave en el fortalecimiento del franquismo, por un lado defendiendo al régimen de los enemigos internos maquis o guerrilla y por otro siendo un instrumento utilizado por el dictador para el ejercicio del poder”. Si no tenía medios, porque el propio Franco no se los daba, cómo pudo desempeñar ese tan importante rol. Revisen los datos de la intervención del Ejército en el asunto del terrorismo comunista, por favor. ¿El “dictador”? Busquen en los diccionarios, si es que hay alguno en la UAM, lo que significa “dictador” o “dictadura” y comparen con el ejercicio de las responsabilidades de gobierno de Franco durante toda su vida, comenzando por los años que tratan, y verán cómo, sin tienen un mínimo de honradez intelectual y de conciencia, dejan de calificarle, descalificándole, de “dictador”.

* “En segundo lugar, realizando un análisis comparativo con otros Ejércitos de la época para comprender mejor cómo la situación de personal y material de las unidades condicionó la política exterior española durante la Segunda Guerra mundial, ya que aunque parte de la alta jerarquía del régimen, como por ejemplo Serrano Suñer, fueron partidarios de una mayor implicación bélica, los ministros del Ejército tenían informes internos que indicaban que la posibilidad de participación española hubiera sido muy complicada, a causa de la ausencia de suministros, armamento y la falta de potencia de fuego de las divisiones españolas, comparadas con las de otras naciones en guerra, lo que a juicio del EME hacía que la mejor postura para España durante la Segunda Guerra mundial fuera la de la neutralidad”. O sea, que el “dictador” nada “dictaba”, sino que todas sus decisiones las decidían cuatro generales del EME. Insistimos: fue obsesión de Franco no entrar en la guerra, mantenerse neutral –tradición heredada de la I Guerra Mundial que tantos beneficios nos trajo entonces– e, incluso, favorecer más a los aliados que a los alemanes, algo que reconocieron ambos explícitamente, aquéllos para congratularse y éstos para dolerse. Léanse el determinante informe de Carrero Blanco. Serrano, aún siendo verdad que en un primer momento pujó por aliarse a los alemanes, en cuanto viajó a Berlín la primera vez y tuvo que refugiarse en los sótanos del hotel donde se hospedaba por culpa de uno de los primeros bombardeos ingleses, volvió más suave que un guante sobre dicha cuestión.

* “La denominada como reforma militar de Manual Azaña fueron una serie de leyes que se aprobaron entre abril y septiembre de 1931. Los decretos pretendieron modernizar y democratizar al Ejército español, así como poner fin al intervencionismo militar en la vida política española. Uno de los objetivos fue el reducir el excesivo número de oficiales”. Pues Azaña opinaba de forma muy distinta, porque dijo bien alto y claro que su objetivo era “triturar al Ejército”, lo que intentó, de ahí, de sus terribles injusticias que nada tenían que ver con la modernización y “democratización” del mismo, vino el malestar que apartó a muchos militares de seguir rindiendo lealtad a una república cuya imagen era, precisamente, la del totalitario Azaña.

* “La primera y principal función de Ejército durante la República fue la de asegurar la defensa del régimen frente a los enemigos interiores, en este caso conservadores y monárquicos durante el primer bienio, como así sucedió en verano de 1932 durante el golpe de Estado del general Sanjurjo. Posteriormente, frente a sindicalistas y nacionalistas, en la revolución de octubre de 1934, en esta ocasión durante el Gobierno radical-cedista. El golpe de Estado de julio de 1936 sería el tercero de estos intentos de desestabilizar la política nacional, aunque en este caso la fractura del cuerpo de oficiales hizo que, ni el Gobierno pudiese sofocar a los rebeldes, ni que estos fuesen capaces de instaurar en poco tiempo un régimen nuevo, teniendo que esperar tres años de Guerra Civil para alcanzar sus objetivos”. Los “conservadores y monárquicos” no fueron más enemigos de la ilegal república, que los otros, los de siempre, los que realmente la dinamitaron al intentar convertirla en socialista-soviética. Lo dicho en la anti-tesis fue la burda excusa que pregonaron éstos para ahogar, desacreditar y destruir a aquellos, para tener la excusa para imponer su totalitarismo. La “sanjurjada” no triunfó, no porque fuera neutralizada por el Ejército, sino porque ni éste ni los “conservadores y monárquicos” la secundaron. La CEDA, o sea, los “conservadores y monárquicos”, acataron la república, primero, de poca gana, después de buena; otra cosa es que la propia república bolchevizada cada día más por las izquierdas, con sus execrables actos, acabara con esas ganas y los pusiera en contra. Los tres años de guerra lo fueron porque los que la provocaron, lo anunciaron y pensaron ganarla, es decir, los partidos del Frente Popular –por cierto, los mismos que ahora persiguen destruir la democracia para implantar lo que entonces no pudieron– se empecinaron, con el apoyo soviético stalinista –este sí un verdadero dictador– en llevar a la muerte a cuantos españoles de uno y otro bando les pareció bien.

* “Algunos destacados militares casadistas, como el general Matallana, solamente sufrieron penas menores de cárcel en la posguerra, lo que sería un caso casi excepcional”. Matallana había sido colaborador activo del SIPM nacional desde diciembre de 1937, lo que se le recompensó, lógicamente, y en 1940 estaba en la calle; en 1945 quedaron finiquitadas todas las penas derivadas de la guerra, lo que consta, no sólo por las declaraciones públicas, sino más aún por los registros carcelarios, de forma que los condenados a 30 años, por conmutación de penas de muerte, en tan sólo seis estaban en la calle, para qué decir de aquellos cuyas penas fueron menores… toda una “dictadura” y Franco un “dictador”.

* “La España salida de la Guerra Civil era una nación … fracturada moralmente, ya que se estableció una clara y marcada diferencia entre los vencedores y los vencidos sin ningún deseo por aquellos de recomponer las diferencias entre ambos”. ¿De dónde tan categórica afirmación? Porque se persiguió y logró unir a todos, porque los “rojos” ocuparon sus puestos de trabajo, muchos de ellos de responsabilidad, porque sus hijos fueron al colegio con los de los “vencedores”, porque… para qué seguir.

* “El nuevo Estado dirigido por el general Franco se caracterizó durante sus primeros años por la persecución sistemática de cualquier oposición, encarcelando a los republicanos y persiguiendo a las partidas de guerrilleros y maquis que poblaron los montes españoles durante la década de los cuarenta”. Lo que hizo fue impedir que quienes se empeñaban, mediante el terrorismo, en resucitar la guerra, la confrontación y los odios, no lo consiguieran; lo que se hizo fue evitar a toda costa la injerencia en nuestros asuntos de las potencias vencedoras que, de la mano de Stalin, todo un demócrata, querían seguir utilizando al pueblo español, con la ayuda de los de siempre, como puchinball de sus intereses.

* “Económicamente se optó por un sistema de autarquía, imitando la Italia fascista, cuyos resultados fueron muy negativos al acentuar los problemas de posguerra generando un mercado negro o estraperlo, cartillas de racionamiento y hambre”. No, y no. Lo que no quedó más remedio fue tener que adoptar un sistema autárquico debido a las circunstancias por el estallido de la II Guerra Mundial, que provocó la consiguiente paralización de todo tipo de comercio en Europa y medio mundo. Lo del mercado negro, estraperlo, cartillas y hambre es la lógica de cualquier país tras una guerra, no producto de la autarquía –en el caso español también por el bloqueo inglés al suministro de todo tipo de productos mediante la cuerda al cuello de los injustos navicert–; hubo de todo ello, y más aún que en España, en toda Europa tras la guerra mundial… hasta que llegó el “amigo americano” con sus dólares, de los cuales ni uno vino a España –no por Marshall, sino por veto de Truman por su odio masón y protestante contra España–, a pesar de lo cual, y debido a lo bien que se gestionó todo, en diez años llegó el desarrollo, que no fue “milagro”, sino eficacia, honradez y buena gestión del… régimen de Franco con él a la cabeza.

* “Se tuvo que hacer frente en los primeros años a una coyuntura internacional ligada al desarrollo de la Segunda Guerra mundial, manteniendo primero una neutralidad y tras la entrada en guerra de Italia en 1940 una no beligerancia que, en el fondo, encubrió una colaboración con las potencias del Eje durante los primeros años, para posteriormente ir abandonando unas amistades muy peligrosas que ante el avance aliado y la derrota de Italia y Alemania hubiesen podido hacer caer al nuevo régimen”. Falso del todo. La no beligerancia fue sólo debida a los acuerdos bilaterales con Italia anteriores a la guerra que Franco respetó, pero que en nada en absoluto cambiaron la neutralidad; fue algo sólo formal. Por el contrario, los aliados fueron los mayores beneficiarios de la neutralidad española como está demostrado y ellos mismos reconocieron públicamente tras la guerra; los alemanes los perjudicados. Además es de cajón, porque si Franco hubiera cedido a Hitler, entre otras consecuencias, el Mediterráneo hubiera quedado cerrado, Rommel habría vencido y el petroleo de Oriente Medio habría sido para el Eje, lo que no ocurrió.

* “El régimen se caracterizó en todo momento por la figura omnipresente de Franco que acumuló una concentración de poder tan absoluto que todas las instituciones, organismos y funcionarios relevantes le estaban completamente subordinados y eran designados y destituidos atendiendo en exclusiva a su voluntad. Franco gobernó España como si se tratase de un cuartel donde el entramado administrativo, jurídico y legislativo respondía a una ideología militarista”. Por eso desde el primer momento fue creando las estructuras administrativas que no dependían de él, sino que se regían por sus propias leyes y normas; por eso, de los procuradores en Cortes sólo el 10 por ciento era designado por Franco; por eso esas misas Cortes devolvieron a Franco más de un centenar de proyectos de ley enviados por el Gobierno del cual él era presidente.

* “Un régimen como el franquista que surge tras un conflicto traumático hace que las masas, especialmente los derrotados, opten por la apatía y la despolitización, ya que además el nuevo Gobierno a través del terror y su concepto de superioridad moral no hizo nada por integrarlos, calificándolos de “desafectos””. ¿El terror? ¿Qué terror? Terror el de los “rojos” frentepopulistas, hoy “republicanos demócratas”, del cual hay muestras más que patentes; entre otras la algarabía con que se recibió siempre a las tropas nacionales cuando liberaban de ese terror cualquier ciudad o pueblo, por eso, los “vencidos”, hartos también de ese terror, acogieron el régimen de Franco con entusiasmo… excepto, claro, los recalcitrantes de siempre… incluso los de hoy.

* “El régimen de Franco … se buscó la creación no solamente de un nuevo tipo de hombre sino también de mujer, carente de derechos y cuyo cometido era el cuidado del marido, la casa y los hijos. A ello, habría que añadir una completa mitificación de la Guerra Civil calificada de Santa Cruzada de Liberación nacional, celebrada con emotivos desfiles militares cada 18 de julio, por poner algún ejemplo. En el franquismo existía un sólo líder con cualidades supuestamente sobrehumanas, al que no deberían imponerse restricciones de ningún tipo. En este caso en las mismas monedas acuñadas se podía leer “Caudillo por la Gracia de Dios”, lo que supone un origen divino del poder, frente a los sistemas democráticos donde el origen es de carácter popular. Resulta bastante difícil superar el hecho de ser designado por el propio Dios todopoderoso como jefe del Estado para librar al país de todos sus males, como en su momento expresó en diciembre de 1957 un grupo de seglares que llegaron a reclamar que Franco fuese nombrado cardenal y príncipe de la Iglesia”. Para quienes como Rafael y María Jesús demuestran no tener fe, es imposible que comprendan el sentir de los españoles de entonces, ni que admitan que creyeran que, con todo, fue en mucha medida la intervención de la Divina Providencia la que les salvó del calvario de la II República, de la cruz de una guerra, y, a todos del terror del “paraíso democrático” frentepopulista; por eso los incrédulos singuen sin entender ni pizca de lo que fue todo aquello. En cuanto a la Cruzada así lo declaró la Iglesia, sin que Franco se lo pidiera, aunque ya sabía que lo era, como firme creyente que siempre fue. No se creó ningún tipo de hombre ni mujer nuevo, lo que se hizo fue volver a dignificar al hombre y a la mujer con la doctrina social y moral de la Iglesia, conforme a las creencias más arraigadas del pueblo español de la época, hoy perdidas con las consecuencias que vemos en los hombres y mujeres “nuevos” que sí se quiere crear hoy.

* “Abandonaron España autoridades políticas y militares republicanas, así como numerosos civiles que huyeron de la guerra, cruzando muchos de ellos la frontera francesa donde fueron confinados en campos de refugiados. Ya durante el conflicto, los llamados “niños de la guerra” fueron evacuados a países extranjeros, Francia, Reino Unido o la Unión Soviética y algunas personalidades e intelectuales como Ortega y Gasset prefirieron abandonar España. Sin embargo, el gran éxodo tuvo lugar entre enero y febrero de 1939 como consecuencia de la conquista franquista de Cataluña. Los exiliados fueron reunidos por parte de las autoridades francesas en lamentables campos de refugiados como el de Argelès, cuyas condiciones higiénicas eran terribles”. Los niños fueron un engaño comunista utilizado como propaganda, pues nada tenían que temer; engaño que La Pasionaria prolongó hasta siempre, porque los esfuerzos hechos para traerlos de vuelta por las autoridades españolas tras la guerra a través de la Cruz Roja Internacional toparon siempre con el veto de tan “democrática” mujer.  La liberación de Cataluña nada tuvo que ver, fue la propaganda frentepopulista tremendista la que obligó a muchos a pasar la frontera que, por cierto, en su inmensa mayoría repasaron antes de seis meses. La democrática Francia trató a los españoles con la misma inquina con que nos ha tratado siempre, algo que a los frentepopulistas les sorprendió… pobres ilusos. Ortega no prefirió abandonar España, lo había hecho en 1937 tras firmar obligado el manifiesto de los intelectuales “anti-fascistas” y ante las evidencias de que más le valía irse en ese momento que podía, que no recibir un tiro en la nuca y ser abandonado en una cuneta.

* “En conjunto, se calcula que hubo unos cuatrocientos cincuenta mil exiliados tanto desplazados por la guerra como refugiados políticos. Aunque unos pocos fueron retornando durante la dictadura bien de forma esporádica como Ortega y Gasset o de forma definitiva (caso del general Vicente Rojo), la inmensa mayoría murieron exiliados como Manuel Azaña o Largo Caballero, … muchos otros colaboraron con la resistencia francesa durante la guerra y un importante grupo terminó en los campos de concentración nazis”. Cifra aceptada, pero que en menos de seis meses quedó reducida a unos 150.000, porque los demás optaron por regresar; eso sí, los que sabían que tenían graves delitos de sangre prefirieron huir de la justicia española dándoselas de “exiliados políticos”. ¿La prueba? Todos los que durante los años 40 y 50 regresaron sin problema alguno, entre ellos la mayoría de los altos mandos militares frentepopulistas. Por cierto, Rafael y María Jesús: ¿Quién es tan tonto que regresa a una “dictadura” que se valía del “terror” para consolidarse? ¿Cuántos de los pocos huidos del paraíso stalinista o de la Europa del Este volvieron a él?

* “Otros muchos no pudieron salir de España y el nuevo régimen comenzó una ingente tarea de calificación de los españoles en afectos al régimen y los calificados como desafectos, personas potencialmente peligrosas a las que había que vigilar estrechamente, para ello se dotó de una serie de leyes que permitiesen la defensa del orden público, la eliminación de peligros a la Nación como los nacionalismos o el comunismo y comenzó una feroz, sistemática y prolongada represión”. Revisen, por favor, los datos. Algunos los hemos dado ya. Nada de represión, sino justicia, por favor, justicia a las víctimas de los terribles crímenes de todo tipo cometidos por los “demócratas” frentepopulistas; revisen la Causa General.

* “Los primeros grupos de oposición armados, los cuales fueron denominados por el nuevo Estado “huidos” o incluso “bandidos”, sufrieron una dura represión desencadenada por el régimen. Esa tarea la desarrollaron los cuerpos de seguridad del Estado, Guardia Civil y Policía Armada. Muchos de los integrantes de estos grupos, antes de organizarse en el conocido como maquis, eran antiguos miembros del Ejército Republicano Popular o autoridades republicanas que no pudieron exiliarse, por ello antes de ser detenidos y ejecutados prefirieron “echarse al monte” con la única intención de sobrevivir. En dos zonas, Asturias y los Montes de Toledo, su número fue tan importante que las autoridades tuvieron que realizar dos operaciones militares de envergadura, desplegando unidades del Ejército para intentar su captura”.  ¿Los etarras también fueron “grupos de oposición”? ¡Qué vergüenza! No, no, fueron grupos terroristas que siguieron las mismas técnicas que habían seguido cuando dominaban en la mitad de España: el terror. ¿Que no pudieron exiliarse? No quisieron porque tenían órdenes de intentar continuar la guerra para revitalizarla a caballo de la guerra mundial ya en ciernes o en desarrollo, siguiendo la clásica estrategia comunista. La colaboración del Ejército fuenecesaria no por el numero de los terroristas, sino por lo escabroso de la zonas en las que se refugiaban.

* “…según el Anuario Estadístico en 1939 hubiese 270.719 presos políticos en prisiones, antiguos cuarteles o fortalezas militares, campos de concentración y de trabajos forzados como el de Cuelgamuros (Madrid) o Castuera (Badajoz). Se calculan las ejecuciones durante la posguerra de entre las 40.000 hasta las 200.000 personas y desde Lluis Companys ex-presidente de la Generalitat, que fue deportado desde Francia en 1940, hasta militantes de sindicatos de clase, huidos a los montes y prisioneros políticos republicanos, también morirán en prisión debido a las terroríficas condiciones de vida figuras como el poeta Miguel Hernández o el dirigente socialista Julián Besteiro”. Luego los 800.000 prisioneros ya citados por nosotros, que fueron los combatientes del ejército popular o rojo el 01-04-1939, en tan sólo seis meses se redujeron a 270.719 que en cinco años quedaron en unos 15.000; ahora tenemos 60.000 penados. De campos de trabajos forzados nada, porque lo que hubo desde el primer instante fue una amplísima oferta de redención de penas por el trabajo, que es muy distinto, además remunerado como cualquier obrero libre, el Valle de los Caídos incluido, lo que permitió, junto con constantes indultos, esa reducción a casi nada de la población carcelaria para 1945. Las ejecuciones, hoy admitidas, no llegan a 25.000, previo consejo de guerra con todas las garantías jurídicas y de acuerdo a la legislación de… la II República que persistía; las de los frentepopulistas “democráticos” habían sido cerca de 70.000 en cuentas y checas. Las condiciones eran las posibles en un país de posguerra. Besteiro y Hernández estaban ya muy enfermos desde antes de finalizar la guerra.

Terroristas comunistas

* “Sin embargo, la oposición al régimen, lejos de desaparecer se hizo importante surgiendo el maquis que tuvo en jaque a las fuerzas de seguridad y orden público hasta finales de la década de los cuarenta teniendo que recurrir a operaciones militares de importancia como la que tuvo lugar en octubre de 1944 cuando guerrilleros republicanos ocuparon el valle de Arán”. Nunca fueron “oposición”, sino terroristas; nunca pusieron en jaque a dichas fuerzas; y las “operaciones militares” fueron normales ante la invasión por el Valle de Arán, donde, además, el Ejército contó con el apoyo valiente y total de la población civil que repudió a tales elementos díscolos, que tuvieron que volver sobre sus pasos para nunca más regresar.

* “Para salir de esa enorme crisis, el nuevo régimen diseñó una política económica autárquica, es decir un intento por potenciar los recursos y la industria nacional para limitar al mínimo imprescindible la dependencia del exterior de tal forma que las naciones sean capaces de autoabastecerse. Este modelo, tomado por el falangismo de la Italia fascista, lejos de conseguir sus objetivos tuvo como consecuencia una larga y profunda depresión económica, que conllevó un grave deterioro de las condiciones de vida de los ciudadanos, el crecimiento de la miseria, la aparición de un mercado negro y que supuso el retroceso más grave en los niveles de bienestar de la población en los últimos 150 años de historia”. ¡Qué barbaridad! Repetimos, autarquía impuesta por las circunstancias europeas y mundiales; el retroceso fue el normal de cualquier posguerra y si no que le pregunten a británicos, franceses, alemanes, etc., tras la suya; por ejemplo, reconocido fue y está que las condiciones de vida en España desde 1945 a 1953 fueron mil veces mejores que en el resto de Europa por razones obvias, es decir, por la paz en nuestra patria y la posguerra en los otros.

* “Sin embargo, el resultado de la aplicación del régimen de autarquía llevó a España a una situación económica dramática, especialmente cuando tras la derrota de las potencias totalitarias en Europa el franquismo se quedó prácticamente sin aliados que le ayudasen, a excepción del Estado Novo portugués bajo la dictadura del mariscal Antonio Óscar de Fragoso Carmona con el que se había firmado el Pacto Ibérico en 1939 y la Argentina del general Juan Domingo Perón que culminó con la visita de Evita en 1947″. El “aislamiento”, imposición stalinista a los atolondrados aliados, fue relativo, pues la retirada de algunos embajadores, no todos, no conllevó la suspensión de relaciones comerciales. Años duros, sin duda, pero peor aún lo fueron para los aliados después. Y aún así, vino, tras la autarquía y todas esas agresiones… el desarrollo… porque las cosas se habían hecho muy bien, porque los cimientos colocados durante la década de los cuarenta por todos los españoles, donde ya no había ni vencedores ni vencidos, así lo lograron… con Franco a la cabeza.

Más se podría decir, pero nos hemos alargado demasiado, aunque merecía la pena.

Después, la anti-tesis no merece la pena, porque lo que viene, quitando la recopilación de plantillas, algunos números y datos –trabajo más propio de un becario en horas extras o de un auxiliar administrativo de tercera, que de todo un “doctor”–, tampoco aporta nada, ni mucho menos lo que pretendían al principio los autores, ni tampoco son fundamentales para la historiografía actual y venidera.

Como conclusión: Rafael y María Jesús no son tontos, ni ignorantes, sino maliciosos y embusteros redomados. Una anti-tesis para seguir engañando a incautos e ignorantes –¡qué ensañarán estos dos en sus respectivos trabajos como docentes!–, plena de mala leche con la que envenenar y manipular a los españoles que cometan el error de leerla; lo malo es que si son jóvenes puede que se la crean, lo que convertirá a Rafael y María Jesús en cómplices de los potenciales enfrentamientos que vemos que se están sembrando, una vez más, entre españoles.

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